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lunes, 20 de octubre de 2014

CAMBIOS PSICOLÓGICOS

Y entramos de lleno en algo de lo que muy pocos pueden presumir poseer, la salud mental.

Para tener una buena salud mental, se tienen que dar una serie de factores:

  • Actitud positiva hacia uno mismo.
  • Integración de la personalidad en una unidad armónica.
  • Adecuada autonomía personal, que seamos capacez de ser lo más independientes y autónomos posible.
  • Adaptación a las demandas o exigencias ambientales.
  • Percepción precisa de la realidad.
  • Tendencia a la superación.
Cuando envejecemos conservar los factores anteriores es tarea complicada, si ya de por si es difícil mantener nuestra salud mental en buen estado, durante otras etapas de nuestra vida, tanto más será llegar a la vejez y volvernos "cuerdos" de repente, con lo que sospechamos que se nos viene encima.

La salud mental depende en gran medida de factores sociales, por lo que es fundamental que las acciones políticas condicionen al medio y propicien circunstancias que favorezcan la confianza, la autonomía y la dignidad para todos, en especial para los más débiles y desfortunadamente hasta el momento esto tampoco es así, generando una sociedad enferma mental, desequilibrada y angustiada, fruto de los constantes desaguisados y falta de conciencia, gran discapacidad que azota a las sociedades.

Por eso es importante empatizar, ponerse en el lugar del otro, comprender qué le ocurre, qué circustancias rodean su día a día, solo así seremos utiles y eficaces en el cuidado.

Los ancianos sufren cambios en la personalidad, dejan de emitir juicios y se convierten en conservadores por los apegos acumulados, no asumen riesgos por las consecuencias venideras y la tendencia a la superación se ve mermada con la edad.

El estado de ánimo disminuye, habitualmente por la falta de serotonina, ya que los neurotrasmisores que la generan pierden su eficacia y la secreción disminuye, dando lugar a estados de depresión, ansiedad, agresividad y apatía.
Aunque es algo totalmente humano y normal, teniendo en cuenta todos los cambios y modificaciones que nuestro organismo va sufriendo con el trascurrir de los años.

Los ancianos dejan de hacer cosas, su competencia varía, solo por el hecho de hacerse mayores.
Ser consciente de que estas en la última etapa de tu vida hace brotar sentimientos de miedo manifestandose en inseguridad, aislamiento y tristeza, los factores educacionales tienen mucho que ver en este sentido.
Otras personas desarrollan rasgos con tendencia al egocentrismo, se vuelven irascibles e impacientes.

Es importante tener en cuenta que no es siempre así y que los cambios psíquicos del envejecimiento no se manifiestan por igual en todas las personas, por eso es muy conveniente tomarse la molestia de escuchar a quien está a nuestro cuidado, sin juicios.

La memoria tiende a disminuir, es típico en los ancianos perder la memoria reciente (a corto plazo) y sin embargo, conservar la memoria lejana (a largo plazo) de hechos pasados.

La memoria consiste basicamente en recordar algo aprendido que nos interesa, existe la memoria a corto plazo, primaria (inmediata) y la memoria a largo plazo o secundaria, dentro de la cual distinguimos a grandes rasgos entre:

Memoria episódica, está relacionada con sucesos autobiográficos ( momentos, lugares, emociones asociadas y demás conocimientos contextuales), que pueden evocarse de forma explícita, y que han sido relevantes para nuestra vida.

Memoria semántica, hace referencia a la memoria de significados, entendimientos y otros conociemientos conceptuales que no están relacionados con experiencias concretas. Incluye todos aquellos conocimientos generales que no implican el recuerdo de sucesos concretos.  No han sido relevantes para nosotros.

Memoría implícita, es un tipo de memoria en el que las experiencias previas ayudan a la ejecución de una tarea, sin que exista una percepción consciente de la existencia de esas experiencias. Por ejemplo montar en bicicleta, se sabe sin ser consciente de cómo, sin pensar en cómo se hace. Esta memoria opera de forma automatica y no se puede expresar verbalmente.

Existen una estrategias de afrontamiento o mecanismos de defensa ante situaciones estresantes que nos ayudan a salir del paso, aunque a veces pueden convertirse en patológicos.

Las personas mayores tienen un enlentecimiento a la hora de pensar, de reaccionar, de comprender, así como lentitud en la respuesta a la demanda exterior, por lo que es habitual que acudan a estos mecanismos con el fin de sobrellevar el envejecimiento que sufre su conducta al mismo tiempo que su cuerpo.

Los más comunes y utilizados por la población anciana, son la regresión, la idealización, la negación, la memoria selectiva y la afiliación entre otros.

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