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sábado, 30 de marzo de 2024

RECONOCER se lee igual al derecho que al revés.

Uy madre! cuánto tiempo ha pasado desde que, con la ilusión de una colegiala infantil, comencé a escribir en este blog.


El otro día lo estuve echando un ojo, lo encontré polvoriento y abandonado, incompleto, pero me enterneció mucho reconocer mi entusiasmo en cada una de las entradas del principio, me emocioné recordando aquellos tiempos, aunque bien es cierto que jamás los olvidaré, permanecerán vivos en mi memoria por muchos motivos, aunque tenga que dormirlos a veces, pues por mucho que no quiera algunos me duelen, pero son míos, forman parte de mi historia, de la historia de mi vida, en un momento determinado de mi tiempo en la tierra.

Quiero reafirmar mi vocación por la profesión, es una vocación de ayuda, es una entrega de amor, de comprensión y humanidad hacia todo aquel que necesita, bien porque no puede, bien porque no sabe, ya sea porque se ha olvidado o porque puntualmente precisa atención en alguna o varias facetas de su existencia.
Me sigue entusiasmando el trabajo que elegí, sobre todo con las experiencias vividas y las que viviré, no hay una igual a otra cuando trabajas con personas y con familias, cuando entras a formar parte de su vida y a veces de su muerte.

Reconocer es complicado, pero también es lo mejor que puedes hacer para tomar medidas.
Creo que por eso la palabra reconocer da igual como la leas, del derecho o del revés, viniendo a demostrar así su rotundidad.
Reconocer significa distinguir o identificar una persona, cosa o situación por sus características propias.


En estos años, que son pocos para demostrar méritos en oposiciones, pero intensos y muy arduos siendo consciente de lo que está pasando y de las presiones a las que nos someten las empresas e instituciones, atentando contra los derechos humanos de pacientes, residentes, clientes, usuarios, familiares y trabajadores de atención directa, me ha dado tiempo a reconocer que no se puede hacer el trabajo que nos encomiendan en las condiciones que pretenden.
He reconocido también que un trabajo asistencial, no puede llevar implícito el sacrificio físico, emocional y psicológico de quien lo desempeña.
Y quien no sepa de lo que estoy hablando, pensará, pues claro que no, tienes que distinguir entre el trabajo y tu vida, no puedes implicarte de tal modo que atente contra tu salud en el amplio espectro de la palabra, haz lo que te corresponda lo mejor que puedas o sepas y despreocúpate del resto.
Esta retahíla es muy común cuando expresas tus inquietudes y desavenencias, hay quien lo tiene clarísimo sin haber estado jamás en un centro de trabajo asistencial, con personas con movilidad reducida, con algún sentido perdido, ya sea el oído, ya sea la vista, ya sea la cognición con todo lo que ello implica, obesidad, hemiplejias, tetraplejias, dificultad para deglutir, incapacidad para hablar, enfermedades neurodegenerativas, enfermedades psiquiátricas, adicciones, soledad, abandono, pérdida, depresión, anorexia, tristeza, apatía, 

Es así de claro, simple y honesto, NO SE PUEDE HACER. Hay quien dice después de un terrible turno de trabajo, el trabajo ha salido, ha salido, así como si fueran panes del horno que finalmente salen recién horneados. Se ha de RECONOCER que NO SE TRATA DE QUE SALGA, SINO DE COMO SALE, dejando pedazos por el camino, ya sean suyos o de la persona a la que atienden. Seguramente un día le tocará a un paciente, otro a un compañero o compañera y todos los días, sufriendo estrés, cansancio, esfuerzo físico y sobre todo frustración, por querer y no poder, por el silencio, por conservar un puesto de trabajo precario que te proporciona un salario, que te lleva en muchas ocasiones a ser pobre aunque estás trabajando con los descansos previstos, por visualizar cada día las diferentes realidades, por estar cerca de la enfermedad, de la ancianidad, de la soledad, de la tristeza, de las pérdidas, de los abandonos y de la impotencia.

La atención directa, la entregan aquellos trabajadores que tienen que atender directamente a las personas que estando en la cama, necesitan ayuda para levantarse, asearse, secarse, hidratarse, vestirse, hacer su cama, alimentarse, beber agua, algunos para respirar, muchos para eliminar sus deshechos, otros tantos para caminar, para sentarse...
Mi experiencia ha sido enriquecedora, sin duda, pues he tenido la gran fortuna de acompañar a muchas personas en momentos especiales o cruciales de su vida, no cambiaría ni a una sola de ellas. Pero el sufrimiento que me ha acarreado es proporcional a la intensidad con la que he desarrollado mi trabajo.

Cómo se puede trabajar a medias o solo un poco o priorizando como si siempre estuviéramos en una emergencia, en un hospital de campaña, en un triaje. Qué ocurre cuando día tras día no tienes material ni herramientas necesarias para poder realizar tu trabajo en condiciones, o cuando lo que falta es personal de atención para atender a los mismos residentes. No puedes dejar de atender a nadie aunque exista  una merma en los profesionales, eso conlleva que si habitualmente atiendes una media de 7 u 8 personas, se convierten en 10 ó 12. Cualquiera que tenga dos dedos de frente, se hará una idea aproximada de lo que significa en términos de salud laboral.

Lo triste de todo esto, es que finalmente reconozco que nada de lo expuesto se va a solucionar. Hemos pasado una pandemia, alguien se acuerda?; nos rasgamos las vestiduras con la situación que se suscitó en las residencias de mayores, precaria desde mucho antes de que ocurriera la catástrofe mundial. Y qué? Ha pasado algo? Ha cambiado algo? No. Solo siete mil y pico mayores fallecidos ante los ojos despavoridos de los que intentábamos ayudarles con la certeza de que nada podíamos hacer para frenar lo que ocurría, ya que los éxitus eran por minuto, y aquí paz y después gloria. Reconozco a los que ya se han olvidado.




HAZ LO MEJOR QUE PUEDAS CON LO QUE ESTÁ EN TU PODER

 

“Haz lo mejor que puedas con lo que está en tu poder y toma el resto como suceda” Epicteto

A bote pronto esta filosófica frase exime de responsabilidad con respecto al resto, a lo que no está en tu poder que hay que tomar como suceda, sea lo que sea, sin afectación, simplemente aceptándolo, porque como bien sabemos, no está en nuestro poder.

Yo me pregunto qué es lo que está en nuestro poder, hasta donde llega nuestro poder, nuestra responsabilidad, aquello que debemos hacer lo mejor que podamos porque si está en nuestro poder.

Cuando eres un profesional con compromiso de vocación, se supone que tiene que haber una línea divisoria que te indique el límite o indique el rebose de tu capacidad diaria de entrega y ayuda, esa con la que ya te sientes bien, ya has cumplido, tus arcas están llenas de benevolencia y te encuentras satisfecho con tu trabajo del día. De lo contrario, si no se establece esa franja porque su horizonte es infinito, lo que ocurre es que te embulles en un laberinto lleno de trampas emocionales, psicológicas y físicas.

Eliges una profesión con la idea romántica de proporcionar asistencia social, sanitaria, entregar apoyo psicológico, acompañar y desdramatizar en momentos críticos que pueden asaltar a cualquiera en la vida y a todos, cuando de lo que hablamos es la senectud, la incapacidad inherente, la pérdida de los sentidos, de los recuerdos, en definitiva de la propia vida que se escapa y el proceso a veces es muy doloroso, aunque tenemos toda una vida para prepararnos, el final nunca sabemos cuándo ni cómo va a ser.

Trabajar con y para personas que han llegado a su última etapa de vida, que han perdido su cognición por estar afectados por algún tipo de demencia, tienen la movilidad reducida por la edad avanzada o por alguna dolencia propia del envejecimiento, han perdido algún sentido, ya sea la vista, el oído o todos y la capacidad de comunicarse ha desaparecido, están sumidos en un enorme silencio, plagado de tristeza por todas las pérdidas en su haber, es tarea ardua que requiere de unas destrezas incalculables, grandes dosis de humanidad, conciencia, empatía, infinita paciencia y algunos conocimientos específicos, para saber detectar y comunicar  signos, síntomas; y bajo mi punto de vista, también saber detectar gustos, disgustos, manías e inapetencias, aporte que facilita la eficacia en la relación de ayuda asistencial.

La desolación y frustración es de una índole grandiosa, cuando descubres cómo está planteado el trabajo que con tanto entusiasmo tú querías desempeñar.

Se te caen los palos del sombrajo al descubrir a grandes rasgos, que llegado el momento, cuando dejamos de ser productivos y representamos un gasto sociosanitario para una sociedad de consumo, capitalista, sin valores y deshumanizada, te conviertes en algo indescifrable, solo las grandes empresas farmacéuticas se frotan las manos en las convenciones de la organización mundial de la salud, calculando las fabricaciones multibillonarias que se embolsarán con los “viejos” de las residencias y del planeta, a lo que sumarán lo del resto de población enferma o que enfermará en breve por este trajín que llamamos vida.

Te das cuenta de que hasta las víctimas pueden tener sus propias e involuntarias víctimas, que los trabajadores que deciden dedicar su vida laboral a la atención sanitaria directa, a estar a pie de cama, a llevar la cuña y vaciarla, a cambiar los pañales, a retirar vómitos, flemas, a duchar, a vestir, a alimentar a aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos, ayudar a los que tienen dificultad para hacerlo, a supervisar a los que lo hacen autónomamente, a administrar medicamentos y tratamientos pautados, a aquellos que escupen la medicación, aquellos que no pueden tragarla por problemas de deglución, triturar, esconder, convencer, acompañar, arropar, consolar; esos no existen para nadie.



Estamos totalmente defenestrados. Sin entrar en valoraciones de títulos, grados, carreras y másteres del universo, la sensación es de pertenecer a una tropa de la edad media, esos pobres aldeanos reclutados por los terratenientes y señores, los que iban en primera línea de batalla armados de palos y piedras para defenderse ante los que iban a caballo con lanzas y un ejército que lanzaba bolas impregnadas de aceite flameante.

Se precisa de una renovación urgente del plan de cuidados existente, que lejos de estar centrado en la persona, se centra hoy día en un rebaño de alguna especie, en el que los cuidados son diarios también, pero existen diferencias que todos sabemos discernir.

No se puede seguir adelante así, basta ya de permanecer en el olvido, ellos y nosotros.

Aquí no se pide aumento de nómina, lo que se está solicitando es ayuda, conciencia, dotación de personal, que se cubran las bajas del personal que cae agotado y la mayoría están puestos en tela de juicio por su incapacidad transitoria, se nos quiere hacer ver que los empleados se dan de baja ellos solos, infravalorando la atención médica de atención primaria, que son los que emiten las incapacidades transitorias en base a criterio médico. Nos enfrentan y mientras la crítica situación de todos se acrecienta.

Como me gustaría ver a las personas competentes, atendiendo una tarde en cualquiera de las plantas de la institución donde trabajo, de 15:00 a 22:30 h, acostando al final de la jornada a  una media de 8 a 10 personas grandes dependientes, muchos de ellos demenciados, con crisis de agresividad, sin entrar en los motivos, ya que son muchos los que pueden llevar a una persona con cierto tipo de demencia a tener una crisis, no vayan a salir ahora los enterados que no han puesto un ojo encima de un enfermo de esas características, a dar sus versiones o sus remedios.

Hay que estar día a día y sentir como duele todo el cuerpo, el ritmo de trabajo es frenético, no llegas a todo, te proporciona un estado de estrés traumático difícil de superar cuando estás expuesta a diario a batallas imprevisibles, teniendo la única responsabilidad del cuidado y la atención, aunque

 “vayan a morir de todas formas”. (Isabel Díaz Ayuso).

 

 

 

 

 

lunes, 18 de septiembre de 2017

El triste concurso


(Todo parecido con la realidad, es mera coincidencia, lo que aquí se describe es fruto de la imaginación sobredimensionada de su autora y el extravagante sentido del humor que la caracteriza, conviertiendo situaciones dramáticas en escenas cómicas y sub?realistas?.)

Los participantes al concurso se agolpan en el control de enfermería, son exactamente poco antes de las 8 a.m. de un día cualquiera, llevan uniforme blanco que consta de:  pantalón con goma en la cinturilla y casaca con bolsillos, en los que guardan su equipo de protección individual, guantes de vinilo. Los más veteranos en el concurso llevan también, cortauñas, pinzas, tijeras y un imán.  Prescinden de dorsal con número, son pocos y a veces, tristemente mal avenidos. Algunos llevan bigote, y no porque sea obligatorio, es que es común en este tipo de concursantes, por la falta de tiempo material para cuidarse, acaban tan desgastados que no pueden dedicarse a eso. Después de recoger el tutor de los que salen del concurso de noche, comienza la carrera díurna.
El concurso consiste en levantar de la cama a pulso, en ocasiones, ayudados con dispositivos en otras, en grupo,  otras tantas, a personas de edad avanzada con movilidad reducida , que carecen, en la mayoría de los casos, de algún sentido, ya sea el oído, la vista, que son los más comunes y con sintomatologías propias de su edad o patologías asociadas, además de tener dignidad y su propia vida, con las cargas que eso acarrea. También hay que ducharles, secarles adecuadamente la piel, visualizar cualquier signo de alerta, hidratarles, proteger la zona perianal ante posibles lesiones o irritaciones, colocar pañal, prótesis de varios tipos, así como gafas, audífonos y elegir ropa adecuada según la estación o necesidades personales del individuo que se levanta. El hándicap en muchos casos es la colocación de medias de compresión en ambas piernas o en una y que estén afectados por alguna demencia o deterioro cognitivo grave.

Se oye el pistoletazo de salida con el primer timbre encendido, al que le siguen, sin complejos, el resto de timbres de los aledaños y más allá.
Los carros de los concursantes ya están listos, pañales de varios tipos se colocan en montaña, esponjas de un solo uso y bolsas a ambos lados, una en la que se introducirá la ropa sucia y otra que sirve para los deshechos encontrados en el camino.
Como si de una pista americana se tratase, los concursantes comienzan a entrar sin piedad en las habitaciones, cada uno tiene su táctica y forma adquirida, sin entrar en detalles.
Lo que allí se encuentran puede ser en muchas ocasiones, dantesco y bizarro, pero ya no se impresionan facilmente y la velocidad es requisito indispensable para seguir formando parte del conjunto, disponen de muy poco tiempo para realizar la proeza y dejar a las personas asistidas en el comedor para el desayuno, que es la segunda parte del concurso que continuará atravesando etapas sucesivas del día, sin final previsto.







lunes, 19 de octubre de 2015

“La vejez no es simplemente una edad cronológica de la vida, sino un estado del espíritu humano. Se es viejo cuando se deja de soñar.” (General Douglas Mc Arthur cumplidos los setenta años)

El espíritu es la "sustancia" del ser humano, la parte de nosotros mismos que nos hace iguales, hermanos.

Nos pasamos la vida pagando un seguro que cubra nuestras necesidades "por si acaso", pagamos durante años un bien no tangible, por si nos pasa algo, ya sea de enfermedad, de automovil (éste incluso es obligatorio, como otros muchos), del hogar, de la comunidad, de nuestro negocio, de nuestro perro..., todo es con la conciencia de "por si acaso" y aunque nos cueste, o nos escueza en el bolsillo, todo el mundo al final comprende que hay que estar "asegurado" y aseguramos nuestros bienes contra los posibles hechos fortuítos de un futuro que puede que nunca se den. 

Pero ¿cuantos de nosotros pensamos largo y tendido en nuestra vejez?, con tanto aleccionamiento sobre el carpe diem, que es fantástico y tan ocupados que estamos viviendo el momento, nos olvidamos completamente del curso de nuestro camino, olvidamos que la vejez, tercera edad, senectud es la séptima y última etapa de la vida (prenatal, infancia, niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez o ancianidad) aconteciendo después la muerte.

Nos paramos a pensar qué necesidades tendremos en ese futuro? Es respetable que cada uno dedique su tiempo de pensar a lo que quiera, pero es imprescindible que todos conozcamos lo que sucede cuando nos hacemos adultos mayores, nosotros y nuestros seres queridos y sobre todo, tengamos claro que igual que ahora necesitamos un abrazo y una mano que nos agarre, cuando nuestras capacidades estén mermadas esta necesidad será aún más latente, además de la higiene personal,  la buena alimentación, el ejercicio físico dentro de nuestras posibilidades y un par de oídos que nos escuchen cuando queramos hablar y desahogarnos

Tal vez en ese futuro,  no estemos rodeados de las personas adecuadas, por miles de circustancias. Sólo si todos somos conscientes de que la última etapa de la vida es una de las más importantes y reclamemos el derecho de vivirla con dignidad, tranquilidad, confianza, consuelo y cariño, comprenderemos que es necesario e imprescindible la formación y cualificación adecuada de la sociedad a este respecto y entonces, valoraremos como se merecen a los profesionales que guiados por una "sustancia" igual a la nuestra, se hacen nuestros hermanos en ese momento y nos ayudan y asisten en aquello que nosotros ya no podemos realizar por nuestros propios medios.

Desde aquí, quiero expresar mi más profunda admiración a todas aquellas personas que siendo conscientes de todo lo anteriormente expuesto, se han formado y capacitado para ser profesionales sociosanitarios en todos los aspectos que guarda esta desconocida y temida por algunos, profesión, ya que son muchos y muy variados los cuidados que hay que proporcionar y necesidades que cubrir y solo calzando las pantunflas del otro, seremos capaces de visualizar que también es nuestro propio destino.

Cuidame como tú quisieras ser atendido, o como lo harías con la persona más querida que tengas en el mundo. 
- Pertenece al Decálogo de los Servidores de los enfermos aplicable a todos - 






 

viernes, 5 de diciembre de 2014

UN VALOR INCALCULABLE, TIRADO AL SUELO

Alguien que no esté familiarizado con el sector, que nunca lo haya necesitado o piense que jamás lo va a necesitar, incluso quien ni siquiera ha pensado en ello, por falta de interés al respecto o motivos diversos, es muy probable que no tenga claro, ni siquiera le importe, lo que significan los términos atención sociosanitaria.

A esta conclusión llego cuando después de recibir la formación correspondiente (600 intensas horas de Mayo - Noviembre -2014), de realizar y superar con éxito,  las pruebas evaluatorias correspondientes a cada uno de los módulos que componen el certificado de profesionalidad en atención a personas dependientes en el domicilio, y de terminar las prácticas profesionales (122 h , en turnos rotativos de mañana (8 a 15 h) y tarde (de 15 a 22 h) de 8 h de duración + 1 noche ( en horario de 22 h a 8 h), en una residencia para mayores, haciendo funciones de grocultora en todos los aspectos de la profesión, me pongo a buscar empleo en el sector y veo entre otros, anuncios del tipo:  

"Se necesita ayuda domestica para Aseo, Vestido, Alimentación de ancianos y demás tareas domésticas en domicilio".

"Se precisa persona, mejor con formación relacionada, para atención de personas mayores, recados , compras y limpieza del hogar, jornada completa de lunes a domingo, salario 500€"

Me horrorizo del contenido de las ofertas y salgo corriendo literalmente, como alma que lleva el diablo. Me entristezco y mi entusiasmo se ve tocado. No es por sólo el salario ofrecido, no se trata de eso, a pesar de que por suerte o por desgracia,  yo al igual que la mayoría de las personas, nos vemos en la necesidad de cobrar una nómina por nuestros servicios, porque hemos decidido dedicamos laboralmente a este sector, porque en nuestra vida profesional hemos elegido que gire en torno a este vacío y al igual que todos, tenemos facturas y gastos que pagar. No para enriquecernos, es únicamente para vivir, igual que el resto.

Mi desilusión llega por la forma en la que se expone, la manera de expresar, de demandar, superficial y vacía de conocimiento...
Inmediatamente pienso que es normal, no hay conciencia en la sociedad, no se tiene idea de lo que significa esta profesión, por temor, por confusión, por ineptitud, por ignorancia, por el pasado, por falta de educación, supongo que habrá variados motivos, pero desgraciadamente lo que traduzco por las ofertas de empleo que veo y también por lo que hablo con determinadas personas al respecto, es que existe una ignorancia completa y por tal motivo, hay quien cree con fe ciega, en el caso de servicios sociales, es que el Ayuntamiento le ha puesto una asistenta.

Hay que quien inmediatamente te dice: _"¡Uy, yo soy incapaz de hacer ese trabajo!" _ Uy ya sabrás que es muy duro?, poniendo carita de, "aquí huele mal". Por no contaros cuando te topas con el famoso tema de que la caca de un niño nada tiene que ver con la de un anciano, siendo caca en ambos casos, existen "verdaderos expertos" en deposiciones y casi sin saberlo, apuesto a que seguro distinguirían a ojos cerrados de quien es.

Pero esto sólo es una parte del trabajo, quizás la más agradecida por  parte de los usuarios, que no pueden por sus propios medios ir al retrete cuando lo necesitan y se tienen que acostumbrar a llevar un pañal absorvente de día y de noche y que alguien se ocupe de cambiar, higienizar su piel y cuidarle, para evitar daños mayores que vienen de la mano si éstos cuidados no existen.

Olvidan absolutamente o más bien desconocen, todos los preciosos aspectos que guarda esta profesión, que aunque parezca mentira, los hay.
Solo se quedan con la imagen confusa que tienen de la cara oscura, nada saben de las miradas, de las sonrisas, de las conversaciones, de las manos que te agarran y te dan las gracias, de los besos que das y que son tesoros para sus receptores así como para ti los suyos, llenos de agradecimiento, de alegría, de tranquilidad y paz para ambos, el cuidado y el cuidador.

La atención sociosanitaria son los servicios que coordinan la asistencia curativa, social y educativa de colectivos en situación de dependencia como la tercera edad, los enfermos crónicos y las personas con alguna discapacidad física, psíquica o sensorial. En especial, han de buscar el aumento de la autonomía del usuario, paliar sus limitaciones o sufrimientos (en especial, en el momento terminal) y facilitar, además, su reinserción social.

Después de saber este significado que engloba tantas cosas importantes para un ser humano, tal vez gobiernos, empresas, usuarios y sociedad en general, tengamos conciencia del valor incalculable que puede llegar a tener un Auxiliar Sociosanitario de ayuda a domicilio, con la formación humana y profesional que requiere, a pesar de tener conocimiento pleno del estado decrépito de la economía con los consiguientes saliarios mínimos y contratos precarios y la incultura general al respecto de las funciones desempeñadas.

Si desde las empresas y  trabajo social, no informan profesionalmente y adecuadamente, con el fin de que el usuario sea el primero que conozca en qué va a ser asistido y cómo. Si no dan valor a las profesionales que asisten a pie de cama, subiendo tres y cuartro pisos sin ascensor varias veces al día, si no dan más importancia al verdadero problema, que normalmente nada tiene que ver con el plumero, la aspiradora y las cortinas, tú me dirás qué vamos a hacer cuando se nos pone a los pies de los caballos.


Se debe defender la dignidad humana con independencia de las tendencias inmediatas del momento.









jueves, 4 de diciembre de 2014

Clarificando Objetivos.


Los deterioros cognitivos en muchos casos corren como el viento y calan como la lluvia, a veces hasta los huesos, en nosotros está intentar cubrirnos con algo con el fin de esperar que al menos amaine.


Un único objetivo, que se difumina y se pierde por desconocimiento, por dolor, por miles de motivos que no vamos a juzgar, pues nadie está libre de errar sin darse cuenta, pero si recibimos la información adecuada, porque nos interesamos y queremos saber qué hacer, podemos tomar las medidas oportunas para una resolución eficaz y lograr un equilibrio que es imprescindible para nuestra vida.


Cuando un ser querido se hace mayor o bien pierde sus capacidades cognitivas por enfermedad, tenemos que tener claro cuál es el objetivo principal para ayudarle. No solo centrarnos en los aspectos negativos que conlleva esta situación, que estoy de acuerdo que son muchos y muy variados, también tenemos que tener la capacidad de poder ver la otra parte, la de la luz que existe al final en todo túnel, para lograr ese ansiado equilibrio.

Es cierto que en pleno duelo es muy complicado ver soluciones, pero si tenemos la información, nos tenemos que armar de valor y no desviarnos dejándonos llevar por la tristeza y desesperación que se siente, porque todo esto va en contra del afectado, ya sea por los años y la soledad, ya sea por su enfermedad que le aparta de la realidad.

El objetivo principal para la ayuda a un mayor que comienza a ser dependiente o alguien que sufre un deterioro cognitivo, es intentar retrasar lo más posible el curso de su deterioro y de esta forma aseguramos fomentar su autonomía, además de su libertad que al final, será sin duda alguna, la nuestra.


Para conseguir ese objetivo principal, tenemos que informarnos aunque nos duela enfrentearnos a la pérdida, de qué capacidades cognitivas y físicas se pueden ver afectadas en un futuro cercano o bien lo están ya y cómo podemos conseguir que se cumpla nuestro objetivo, preparándonos para ello.

Una vez informados al respecto, valoraremos de qué tiempo disponemos para llevarlo a cabo y sin dudar nos pondremos manos a la obra. Es importante que los ejercicios sean periódicos y que se instauren rutinas de funcionamiento.


Si por circunstancias ajenas a nuestra voluntad no somos capaces de dedicar el tiempo necesario a este respecto que nos ocupa, teniendo en nuestro poder la información y la formación correspondiente, seremos conscientes de que se puede solucionar por otros canales o conductos.

Existen servicios sociales y empresas privadas con personal concienciado, formado, cualificado y capacitado que nos ayudarán a conseguir nuestro objetivo, porque también es el suyo.


Es importante tener la casa limpia, sin duda, pero no menos importante es estar adecuadamente vestido, aseado y peinado, son aspectos que aumentan la autoestima y la capacidad de sociabilizarse, fundamental también es, que se conserven en el tiempo las capacidades cognitivas y físicas, la capacidad para comunicarnos, hablar de nuestros intereses, realizar aficiones para las que no ha habido nunca momento oportuno. Todas estas cosas las pueden seguir realizando, pero con la ayuda, supervisión y control de nosotros o en su lugar alguien de confianza que maneje la situación con la formación adecuada en cuanto a fomento de la autonomía.


Hay que aprovechar el tiempo al máximo. Siguiendo unas pautas esenciales, con la instauración de rutinas, realización de determinados ejercicios, buena comunicación y seguir formando parte de  un grupo, es muy probable que al menos no pensemos más de lo debido en lo que está pasando,  dejando fluir  como siempre hay que hacer en esta vida.



Recomiendo leer la entrada Trabajando con las capacidades cognitivas, hay información muy últil al respecto, basada en guías de formación de familiares disponibles para todos y que también podéis encontrar en los enlaces de interés.





lunes, 1 de diciembre de 2014

EL CUIDADOR

VER DOCUMENTO EL CUIDADO DEL CUIDADOR

En el documento que sugiero se encuentran todos los detalles relativos a lo que significa la situación que se puede plantear en la vida de las personas, cuando uno de nosotros o bien un ser querido, entra en un laberinto del cual sabemos que no va a regresar y recae sobre nosotros su cuidado y atención, porque lo elegimos, no conscientemente, te viene dado por el amor y luego descubres lo que conlleva.

Hablando desde mi propia experiencia, puedo decir que cuando te percatas de que algo no va bien, casi con toda seguridad, en la mayoría de los casos, entra en marcha un mecanismo de defensa, el de la negación y entonces no ves lo que sabes que estas viendo y miras para otro lado buscando otras posibilidades más livianas, reversibles, que en el fondo de tu ser sabes que no existen.

El tiempo pasa a la velocidad de un rayo, y un día, te pones delante de un médico neurólogo, por ejemplo, y te dice mirándote a los ojos que tu madre tiene demencia de tipo Alzheimer, más tarde se diagnostica como vascular por su patología anterior y en curso de microinfartos cerebrales, su estenosis mitral y un largo etc que no quieres recordar.

De repente tienes que aceptar una enfermedad terminal, irreversible, que no tiene cura ninguna y para la que el tratamiento no está muy definido.y que ha venido a llevarse a tu madre para siempre. No es algo que puedas hacer facilmente, lleva mucho esfuerzo emocional y estrés personal, tienes que cuidar de ella, la tienes que proteger de todo mal, quieres darle todo lo que necesite, envolverla en algodones, ya que se marcha, quieres que esté lo más cómoda posible y además para que no se asuste, decides ocultarla su propia enfermedad y haces el papel de que todo está controlado y que no hay por qué preocuparse, mientras te desgarras por dentro, encondiendote en los rincones de la vida que habéis compartido juntas, que se disipa y se esfuma en los recuerdos que tu guardarás hasta que puedas como un gran tesoro, pero en una isla desierta sin ella.

También existen otras personas en la familia, que la quieren y han recibido el mismo varapalo que tu, cada uno lo asume y lo lleva como mejor sabe o puede. Si yo estoy perdiendo a mi madre, mis hermanos también y mi padre está diciendo adiós a la mujer de su vida y a la madre de sus hijos con la que ha compartido cuarenta y tantos años de su vida, se dice pronto. Su estado emocional también se hace preocupante, hay que vigilar, no se puede abandonar porque tendremos dos enfermos que atender y también es posible que te salga de adentro ocuparte de eso. No hay que desviar el objetivo en estos momentos todos tenemos que tener claro cuál es sin dudar y unirnos fuerte para conseguirlo.

Inicialmente lo haces todo sola, no cuentas con nadie, no existe nadie más a tu alrededor. Pasado un tiempo tienes que pedir ayuda, socorro, auxilio.
Normalmente la familia y los amigos permanecen, pero en una plano diferente al que antes tenían, por miedo, por dolor, por mil causas que yo respeto profundamente, pero te das cuenta que tu círculo se reduce a una intimidad que a ratos se hace muy escueta. Por eso es recomendable buscar ayuda en asociaciones, en las que hay profesionales y familiares que están pasando por el mismo calvario que tu, compartir experiencias, compartir herramientas, hablar.

Lo de tolerar al enfermo, sus acciones y entender que lo hace porque está enfermo, a mi me salió de natural, como esas madres que mientras están gestando a su bebé se preguntan si serán capaces de atenderlo cuando nazca, de la misma forma entendí en todo momento cuáles eran sus motivos, además ella siempre nos lo puso muy fácil y muy difícil, pues su actitud era la de una niña pequeña buena y obediente que cumplia sin rechistar todas las instrucciones que de repente le dabamos y emocionalmente era muy difícil mantenerse en equilibrio, sin llorar delante de ella, sin emocionarte cuando la ayudabas a hacer todas sus actividades de la vida diaria.

Todo esto nos ayudó a vernos de cerca, a mirarnos detenidamente los unos a los otros, comprendiendonos y respetandonos sobre todo el profundo dolor compartido por estar sufriendo una de las pérdidas más importantes de nuestra vida.

Aprendimos a vivir con la enfermedad sin olvidarnos de ella, conocimos los medios asistenciales de cuidados como el centro de dia al que asistía, pero la evolución de su deterioro cognitivo fue rápido y discapacitante hasta unos límites insostenibles en su propia casa, donde las barreras arquitectónicas impedían que su seguridad y atención fueran adecuadas.

Tomar conciencia de la planificación y de las medidas legales fue un trago amargo que tuvimos que digerir, mi padre, mis hermanos y yo. Recuerdo como llorábamos en silencio, desconsoladamente ante tres personas desconocidas con toga, que con mucha sensibilidad hacían preguntas a mi madre que no sabía responder, finalmente, mi padre pasó a ser su tutor legal y en su defecto yo.

La decisión de ingresarla en una institución entra dentro de la planificación, así me lo contó la trabajadora social, que en nuestro caso conocía perfectamente el caso de mi madre pues la había atendido a ella a lo largo de su vida de cuidadora principal y ahora la veía en esas circustancias, en las que ella era la cuidada.

El dolor, los sentimientos de responsabilidad, la soledad, la angustia y todos los torbellinos del Universo se revelan contra ti. Pero con el paso del tiempo, comprendes que la decisión fue acertada al ver el curso de su deterioro imparable.

El cuidador principal tiene que cuidarse para poder cuidar y sin ayuda, es una tarea imposible.
Tiene que descansar, dedicarse tiempo para el mismo fuera del entorno del enfermo, conservar los amigos y romper con el aislamiento que se produce cuando te entregas a cuidar a un efermo dependiente, aumentar las actividades lúdicas, tomarse unas vacaciones físicas y psícológicas, ponerse en contacto con grupos de ayuda como Asociaciones. Recurrir a los servicios asistenciales existentes Centros de dia, Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD), teleasistencia y cuando la situación lo requiera, Residencias y centros geriátricos de atención especializada, donde podrás visitar siempre que quieras y en cualquier momento.


Ser fuertes y amaros los unos a los otros como el que os necesita hizo con cada uno de vosotros, recordar siempre su esencia y guardarla junto a vuestro corazón que os acompañe siempre y os sirva de referencia y consuelo.
















 

LA PRUEBA DE RUSKIN


¿QUÉ HARÍAN USTEDES SI...?

Un médico,  que además era director de un hospital, daba una charla a su personal de doctores y enfermeras y les planteaba:
“Qué harían Ustedes en el caso de una paciente que no se comunica verbalmente ni reacciona a la palabra hablada o a los mensajes escritos, que balbucea de manera incoherente durante varias horas al día, que parece desorientada durante horas en cuanto a su persona, al espacio y al tiempo, aunque da la impresión de que reconoce su propio nombre.
“No se interesa ni coopera para nada en su propio aseo; hay que darle de comer dietas blandas ya que no tiene dentadura. Presenta incontinencia de orina y heces, por lo que hay que cambiarla varias veces al día y bañarla con frecuencia. Babea continuamente y tiene la ropa siempre manchada. No es capaz de andar. Su patrón de sueño es errático; se despierta frecuentemente por la noche y sus gritos despiertan a los demás.
“Aunque la mayor parte del tiempo parece tranquila y amable, varias veces al día y sin causa aparente, se pone muy agitada y estalla en crisis de llanto sin motivo. Así se pasa los días y las noches….”
Las respuestas de médicos y enfermeras fueron parecidas a ésta: “Cuidar de un caso así sería devastador, un modo de desperdiciar el tiempo de médicos y enfermeras. Casos como éste deberían estar en los asilos, no hay nada que hacer con ellos”.
Después de escuchar varios comentarios en el mismo sentido, intervino el Director: “quiero  que conozcan a la paciente a  la que me he referido”. Y en seguida proyectó su imagen en la pantalla: era una hermosa niña de seis meses de edad.
Una vez que se calmaron las protestas del auditorio por haber sido víctimas de un engaño, el Director les ayudó a ver que deben considerar si el solemne  compromiso adquirido por cada médico de  no discriminar, puede hacerse a un lado ante las diferencias de peso, de estatura, de edad, de perspectiva vital, de sentimientos que inspira el aspecto físico de los pacientes o si, por el contrario, ha de sobreponerse a esos datos circunstanciales.
Los médicos y enfermeras presentes entendieron que no deben dejarse llevar por el sentimiento a la hora de ver a sus enfermos, ya que una paciente anciana es tan digna y amable como la niña, y que los enfermos que transcurren los últimos días de su existencia consumidos por la demencia o el dolor, merecen el mismo cuidado y atención de los que inician la vida en la incapacidad de la primera infancia.