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lunes, 1 de diciembre de 2014

LA PRUEBA DE RUSKIN


¿QUÉ HARÍAN USTEDES SI...?

Un médico,  que además era director de un hospital, daba una charla a su personal de doctores y enfermeras y les planteaba:
“Qué harían Ustedes en el caso de una paciente que no se comunica verbalmente ni reacciona a la palabra hablada o a los mensajes escritos, que balbucea de manera incoherente durante varias horas al día, que parece desorientada durante horas en cuanto a su persona, al espacio y al tiempo, aunque da la impresión de que reconoce su propio nombre.
“No se interesa ni coopera para nada en su propio aseo; hay que darle de comer dietas blandas ya que no tiene dentadura. Presenta incontinencia de orina y heces, por lo que hay que cambiarla varias veces al día y bañarla con frecuencia. Babea continuamente y tiene la ropa siempre manchada. No es capaz de andar. Su patrón de sueño es errático; se despierta frecuentemente por la noche y sus gritos despiertan a los demás.
“Aunque la mayor parte del tiempo parece tranquila y amable, varias veces al día y sin causa aparente, se pone muy agitada y estalla en crisis de llanto sin motivo. Así se pasa los días y las noches….”
Las respuestas de médicos y enfermeras fueron parecidas a ésta: “Cuidar de un caso así sería devastador, un modo de desperdiciar el tiempo de médicos y enfermeras. Casos como éste deberían estar en los asilos, no hay nada que hacer con ellos”.
Después de escuchar varios comentarios en el mismo sentido, intervino el Director: “quiero  que conozcan a la paciente a  la que me he referido”. Y en seguida proyectó su imagen en la pantalla: era una hermosa niña de seis meses de edad.
Una vez que se calmaron las protestas del auditorio por haber sido víctimas de un engaño, el Director les ayudó a ver que deben considerar si el solemne  compromiso adquirido por cada médico de  no discriminar, puede hacerse a un lado ante las diferencias de peso, de estatura, de edad, de perspectiva vital, de sentimientos que inspira el aspecto físico de los pacientes o si, por el contrario, ha de sobreponerse a esos datos circunstanciales.
Los médicos y enfermeras presentes entendieron que no deben dejarse llevar por el sentimiento a la hora de ver a sus enfermos, ya que una paciente anciana es tan digna y amable como la niña, y que los enfermos que transcurren los últimos días de su existencia consumidos por la demencia o el dolor, merecen el mismo cuidado y atención de los que inician la vida en la incapacidad de la primera infancia.





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